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trastornos alimenticios en la juventud

Trastornos alimenticios en la juventud

Trastornos alimenticios en la juventud: bulimia y anorexia en iglesias, cómo reconocerlas y acompañar a un joven escuchando, apoyando y derivando.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

15/12/2008
11 min

Hoy quiero tocar un tema que es de suma importancia para mí: algo que, sin darnos cuenta, se ha ido adentrando en nuestras iglesias y en nuestras familias, y que cada día pone en riesgo la vida de nuestros jóvenes. Los puntos que desarrollaré a continuación son temas muy escuchados hoy en día, pero muy poco hablados dentro de la iglesia en general: los trastornos alimenticios.

La bulimia y la anorexia se han convertido en las «enfermedades de moda», así las llamo yo, impulsadas por la imagen que el mundo les vende a los jóvenes sobre cómo deben verse, vestirse y ser. Pero son mucho más que eso: son condiciones reales, graves y tratables, que afectan la salud física, emocional y espiritual de quien las padece.

Los trastornos alimenticios, principalmente la anorexia y la bulimia, pero también el trastorno por atracón, son condiciones psicológicas y médicas que han llegado a nuestras iglesias y familias, y que afectan cada vez a más jóvenes, especialmente adolescentes. Como líderes y padres, nuestra tarea es informarnos, reconocer las señales, escuchar sin juzgar y acompañar, pero también derivar a profesionales de la salud: médicos, psicólogos y nutricionistas. La fe da esperanza y comunidad; el tratamiento profesional es parte indispensable de la salida.

Tabla de contenidos

Un tema que llegó a la iglesia

Los trastornos alimenticios no distinguen entre el mundo y la iglesia. El hecho de estar en una congregación no nos ha excluido de estas enfermedades que hoy se dan a nivel mundial: están en nuestras familias, en nuestras escuelas y, sí, también en nuestros grupos de jóvenes. Los estudios lo confirman: una proporción considerable de los jóvenes, sobre todo mujeres, ha presentado algún trastorno de la conducta alimentaria, y el grupo de 15 a 19 años es el de mayor incidencia.

Por eso, como pastoral juvenil, líderes de jóvenes y padres, tenemos que estar informados sobre estos temas, porque están afectando a nuestros jóvenes. El número de señoritas que actualmente sufre de alguno de estos trastornos es alarmante, aunque también hay varones que los padecen y que muchas veces quedan invisibilizados. Informémonos y conozcamos más en profundidad la juventud que nos rodea.

Los trastornos alimenticios

Conviene empezar conociendo por su nombre los trastornos que hoy afectan a tantos adolescentes, porque no todos se ven igual ni siguen los mismos caminos. En las secciones siguientes encontrarás una explicación sencilla de la bulimia y la anorexia, las más conocidas, y también de otros patrones menos mencionados pero igual de reales. El objetivo no es que te conviertas en especialista ni que intentes diagnosticar a nadie: es entender, con prudencia, qué puede estar viviendo un joven de tu grupo o de tu casa. Verás cómo se manifiesta cada trastorno y por qué muchos pasan tan desapercibidos. Esa base te ayudará después a observar con cuidado y a hablar del tema sin miedo ni prejuicios.

La bulimia: qué es y cómo se manifiesta

La bulimia es un trastorno psicológico relacionado con la comida. Consiste en episodios de atracones, comer en exceso, sin control, en poco tiempo, seguidos de un fuerte sentimiento de culpa por lo que han ingerido. Tras el atracón, la persona intenta compensar para no ganar peso, y también atraviesa tiempos de ayuno o de ingesta alimentaria muy reducida.

Las personas que sufren de esta enfermedad buscan una manera de no ganar peso después de los episodios de atracones. Una manera muy habitual es por medio del vómito provocado; otra, por medio de laxantes; y también por medio del ejercicio físico excesivo.

Un dato importante: la bulimia suele pasar más desapercibida que la anorexia, porque quien la padece muchas veces mantiene un peso normal o incluso un poco elevado. Los atracones y las purgas se hacen en secreto, por lo que los signos visibles son menores, y el sufrimiento, igual de real.

La anorexia: qué es y cómo se manifiesta

La anorexia es un trastorno que se caracteriza por la pérdida de peso a consecuencia de la supresión de alimentos. Es cuando la persona decide adelgazar, pero comienza a evitar los alimentos, normalmente los de alto valor calórico, hasta llegar a una restricción extrema. También en este trastorno se usan métodos como los vistos en la bulimia: recurren al vómito, al uso indebido de laxantes y al ejercicio físico excesivo.

Quienes padecen anorexia tienen una distorsión de su imagen corporal: se ven con sobrepeso aunque estén por debajo de un peso saludable, por lo cual tienden a hacer dietas excesivas y a pensar que su peso sigue siendo alto. El comienzo de este trastorno se ha registrado tradicionalmente entre los 14 y 18 años, pero en la actualidad la edad de inicio tiende a disminuir; cada vez hay casos más tempranos. La anorexia es uno de los trastornos mentales con mayor riesgo para la vida, por eso la detección temprana es tan importante.

Otros trastornos que conviene conocer

Aunque este artículo se centra en la bulimia y la anorexia, las más conocidas, conviene saber que no son las únicas. Hoy los profesionales reconocen varios trastornos de la conducta alimentaria:

  • Trastorno por atracón: episodios de comer en exceso sin control, seguidos de culpa y angustia, pero sin las conductas de compensación de la bulimia (sin vómitos ni laxantes). De hecho, es considerado el trastorno alimentario más común, aunque es el menos mencionado.
  • Trastorno por evitación o restricción de la ingesta: una limitación extrema de la comida que no se basa en la preocupación por el peso.
  • Otros patrones: la ortorexia (obsesión por comer «puro» o «perfecto») y la vigorexia (obsesión por la musculatura) se mencionan cada vez más, aunque no siempre reciben diagnóstico formal.

Mencionarlos no es para abrumar, sino para recordar que los trastornos alimenticios son más diversos de lo que creemos, y que un joven puede estar sufriendo aunque no «encaje» en la imagen clásica de la anorexia o la bulimia.

Señales y causas

Saber que estos trastornos existen es el primer paso; el segundo es aprender a reconocer cuándo algo no anda bien. En esta sección vas a encontrar dos cosas: primero, las señales concretas que suelen aparecer en la conducta, el peso y el ánimo de un joven; después, las causas que casi siempre están detrás. Ninguna de esas señales, por sí sola, confirma nada, y el diagnóstico nunca nos va a corresponder a nosotros. Lo que sí te toca hacer como líder o como padre es observar con atención, sin alarmarte ni acusar, y tomar en serio lo que notes. Esa mirada cuidadosa, unida a una conversación oportuna y a la ayuda profesional cuando corresponda, puede hacer una diferencia enorme en la vida de un muchacho.

Las alertas: señales para observar

Como líderes y padres, no nos corresponde diagnosticar: eso es tarea de los profesionales, pero sí observar y sospechar con amor. Algunas señales que conviene tener presentes:

  • Cambios en la conducta con la comida: restringir alimentos, saltarse comidas, esconderse para comer, desaparecer después de comer (posibles vómitos), usar laxantes o diuréticos.
  • Cambios en el peso y el cuerpo: pérdida o aumento notables de peso en poco tiempo, quejas constantes sobre el propio cuerpo, ropa cada vez más holgada.
  • Cambios en el estado de ánimo y la conducta: irritabilidad, aislamiento, tristeza, obsesión por contar calorías o por el ejercicio, evasión de comidas sociales o de eventos donde haya comida.
  • Síntomas físicos: mareos, cansancio, caída del cabello, frío constante, irregularidades en el ciclo menstrual, problemas digestivos.

Insisto: ninguna de estas señales por sí sola significa que un joven tiene un trastorno. Pero un conjunto de ellas merece atención, conversación y, si es necesario, una consulta profesional.

Las causas detrás: imagen, familia y más

¿Por qué un joven desarrolla un trastorno alimenticio? Las causas son múltiples y se combinan entre sí:

  • La imagen que el mundo vende. Los medios, las redes y la publicidad les dicen a los jóvenes cómo deben verse, cómo deben vestirse, qué deben usar. Esa presión por alcanzar un cuerpo «ideal» es el caldo de cultivo de muchas de estas enfermedades, por eso las llamo las «enfermedades de moda».
  • Factores familiares. El rechazo dentro de la familia, la crítica constante sobre el cuerpo, la falta de comunicación o los conflictos en casa pueden alimentar la inseguridad que está detrás del trastorno.
  • Heridas más profundas. La depresión, el maltrato físico o emocional y los abusos sexuales son factores que pueden estar en la raíz de un trastorno alimenticio. Muchas veces la conducta con la comida es una forma de intentar controlar algo cuando el resto de la vida se siente fuera de control.
  • Factores biológicos y de personalidad. La genética y rasgos como el perfeccionismo o la baja autoestima también influyen.

Conocer las causas no es para buscar culpables: es para entender que un trastorno alimenticio casi nunca es «una fase» ni una decisión de la persona, sino una enfermedad que necesita tratamiento.

El papel de la iglesia: escuchar, acompañar y derivar

Tal vez, como cuerpo de Cristo, seamos los únicos que tienen una salida para estos trastornos. Pero a veces nos quedamos tan encasillados en cuatro paredes que no abrimos los ojos a la realidad de lo que nuestros jóvenes están viviendo. Y aquí conviene ser muy claros sobre cuál es el papel de la iglesia:

  • Escuchar sin juzgar. Si encuentras a un joven o señorita que sufre alguno de estos trastornos, escúchalo, dale el apoyo que necesita. Sin sermones, sin culpa, sin comentarios sobre su cuerpo.
  • Acompañar con esperanza. La fe tiene un lugar real: Cristo da esperanza, consuelo y una comunidad que sostiene. La oración y el amor de la iglesia son parte del proceso de sanidad.
  • Derivar a profesionales. Y aquí está la parte que no podemos saltarnos: los trastornos alimenticios son condiciones médicas y psicológicas que requieren tratamiento profesional: médicos, psicólogos, nutricionistas. Decirle a alguien que «solo con fe» se va a sanar no es amor: es ponerlo en riesgo. Cristo nos da esperanza y nos sostiene, y la iglesia acompaña; el tratamiento profesional es parte indispensable de la salida.
  • Involucrar a la familia. La recuperación es un proceso familiar: los estudios muestran que la participación de la familia mejora significativamente los resultados en adolescentes. Acompaña también a los padres.

Si eres líder: cómo actuar cuando lo sospechas

Si sospechas que un joven de tu grupo podría estar padeciendo un trastorno alimenticio, estas pautas te ayudarán a actuar con sabiduría:

  1. Habla en privado, con calma y sin acusar. Un acercamiento del tipo «he notado que últimamente has cambiado tu forma de comer y me preocupa cómo te sientes» abre puertas; una confrontación las cierra.
  2. Nunca hagas comentarios sobre el cuerpo. Ni en broma, ni «para ayudar»: los comentarios sobre peso y apariencia, aunque sean positivos, refuerzan la obsesión.
  3. No juegues a ser terapeuta. Tu papel es escuchar, apoyar y acompañar al joven y a su familia a buscar ayuda profesional. No intentes «arreglarlo» tú mismo.
  4. Conecta con la familia. Habla con los padres o tutores con cuidado y respeto, compartiendo tus observaciones sin diagnosticar, y anímalos a buscar evaluación profesional.
  5. Acompaña el proceso. La recuperación toma tiempo. Sigue presente, sin presionar: el joven necesita saber que su líder no desaparece cuando las cosas se ponen difíciles.
  6. Conoce los recursos de tu comunidad. Investiga de antemano, con la ayuda de profesionales o instituciones de salud, a dónde se puede acudir en tu ciudad o país. Tener esa información a mano te prepara para el momento en que la necesites.
  7. Cuídate tú también. Acompañar estos casos es emocionalmente exigente. No los cargues solo: busca apoyo en tu equipo de liderazgo.

Reflexiones finales: acompañar con gracia

Los trastornos alimenticios, la bulimia, la anorexia y otros, son enfermedades reales y graves que han llegado a nuestras iglesias y familias, y que afectan cada vez más a nuestros jóvenes, especialmente adolescentes. No son «una fase» ni «falta de voluntad»: son condiciones que necesitan información, observación amorosa y tratamiento profesional. Como líderes y padres, nuestro llamado es salir de las cuatro paredes, abrir los ojos a la realidad de lo que nuestros jóvenes viven y estar dispuestos a escuchar, acompañar y derivar, con la esperanza que da la fe y la sabiduría que da el conocimiento.

El siguiente paso es concreto: esta semana, infórmate. Conoce los recursos de tu comunidad: médicos, psicólogos, nutricionistas, instituciones de salud, a los que podrías acudir si algún joven lo necesita. Y revisa tu propia forma de hablar del cuerpo y de la comida: las palabras que usas delante de los jóvenes importan más de lo que crees.

Y cuéntame: ¿habías hablado de este tema en tu iglesia o con tus jóvenes? ¿Qué has aprendido que pueda ayudar a otros líderes? Comparte en los comentarios.


Colaboración: Jenny Euraque, licenciada en nutrición, líder del ministerio de señoritas y trabajadora en una organización sin ánimo de lucro.

Temas:#trastornos-alimenticios#anorexia#bulimia#jovenes#acompanamiento

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