Te oigo

Te oigo

“Porque tú, Dios mío, revelaste al oído a tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo para orar delante de ti”. (1ª Crónicas 17:25)

¿Hay algo más grande que recibir revelación de parte de Dios? El rey David sabía que no había nada que superara esto.

¿Has hablado a alguien al oído? Cuando yo hablo a alguien acercándome a su oído, lo hago porque quiero que lo que voy a decirle no lo escuche nadie más. Hablar al oído implica intimidad. Me acerco a su oído y le susurro lo que le quiero decir, no grito. Es algo entre esa persona y yo, nadie más debe escuchar.

David dice “Dios, te has acercado hasta mi oído y me has revelado algo nuevo”. “Hemos estado en intimidad y me has dado a conocer algo que no sabía”.

Este es el motivo por el que David dice que ha hallado motivo para orar. ¿Te faltan motivos para orar? Debes permitir que Dios se acerque a tu oído y te susurre algo nuevo para ti.

Cuando Dios se acerca y nos susurra algo nuevo, nuestro espíritu recibe un fuerte impulso hacia la oración. Así, orar deja de ser parte de la rutina y se convierte en un fuerte deseo, en una necesidad vital para tu espíritu.

Dios le dijo a David el notición de que Él mismo, Dios, iba a construirle la Casa, el templo que él, David, tanto anhelaba. ¿Qué anhelas? Párate a escuchar lo que Él tiene que decirte. Susurrará a tu oído qué quiere Él para tu casa, tu familia, tu iglesia, tu pueblo, tu nación, tu trabajo, tu día a día… ¿Realmente es esto posible? Haz la prueba.

Quizás pienses: -Ah, pero Dios está demasiado lejos y es demasiado grande como para ocuparse de mis preocupaciones personales. La clave es que no depende ti. Fue Dios quien se acercó al oído de David, ¡Y no al revés! Lo único que debemos hacer es guardar silencio para escuchar el susurro de su voz.

¿Qué voces te impiden escuchar Su susurro?

Fuente | Imagen.

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