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Biblia abierta sobre una mesa junto a un cuaderno y un resaltador, lista para el estudio y la memorización

Por qué memorizar las Sagradas Escrituras

Memorizar la Biblia es una disciplina que Dios usa en los momentos de prueba. Un testimonio personal sobre cómo un versículo guardado en el corazón llegó en el momento exacto.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

05/05/2008
5 min

Si hay algo que ha bendecido grandemente mi vida y me ha ayudado en los momentos de prueba, ha sido memorizar versículos de la Biblia. Puedo decirte con toda honestidad que esa disciplina sencilla, de la que poco se habla en los púlpitos, ha sido de las herramientas espirituales más útiles que he aprendido. Y quiero compartirte por qué.

Alguien dijo una vez que el Espíritu Santo está con nosotros para recordarnos el testimonio de Jesucristo y las promesas del Padre. Sin embargo, él no nos va a recordar algo que anteriormente no haya estado en nosotros. Esa frase me marcó, porque encierra una verdad grande: el Espíritu Santo usará lo que esté dentro de nosotros, todo aquello que de antemano hayamos procurado atesorar en el corazón. De eso quiero hablarte hoy: de guardar la Palabra para que Dios pueda usarla cuando más la necesitamos.

Tabla de contenidos

Un momento difícil, una palabra guardada

A finales del año pasado estaba pasando un momento muy difícil en lo personal. Creo que me sentía como David en el valle de Ela, justo antes de enfrentar al gigante: solo, desafiado, con una batalla que parecía más grande que mis fuerzas. Fue un tiempo oscuro para mí, de esos en que las promesas que has escuchado toda la vida de pronto se sienten lejanas.

Fue en esos días que asistí a un congreso de jóvenes. Durante un tiempo de adoración, recuerdo que escuché una voz en mi interior que me dijo: «al que cree todo le es posible». En ese momento comencé a llorar, consciente de que era el Espíritu Santo quien me estaba recordando una de sus promesas, la que se encuentra en Marcos 9:23 y dice:

«Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.» (Marcos 9:23, RVR1960)

Ah, qué hermoso es recordar un pasaje cuando estás afligido y desanimado. Lo importante, creo yo, fue que el Señor utilizó su misma Palabra para fortalecerme en ese momento tan difícil. Y allí está el punto: él usó algo que yo había guardado de antemano.

Lo que el Espíritu puede recordarnos

Piensa en cómo funciona la memoria con las personas que amas. Las palabras que te dijo tu madre, los consejos de un maestro, las frases de un amigo en el momento justo: solo vuelven a tu mente si en algún momento las guardaste. Con la Palabra de Dios pasa igual. El Espíritu Santo tiene la capacidad de hacer lo que quiera, pero la Escritura misma nos muestra un patrón: él toma lo que es de Cristo y nos lo hace saber, y nosotros cooperamos atesorando la verdad en el corazón.

De allí que memorizar no sea un ejercicio religioso vacío, sino una forma de preparar el terreno. Es tener provisiones guardadas para el día de necesidad. Cuando llega la prueba, la pregunta no es si Dios tiene una palabra para ti, siempre la tiene, sino si tú tienes una palabra de Dios guardada a la que él pueda apelar en tu memoria.

Por qué la memorización hace la diferencia

En mi caso, la diferencia fue clara. Si yo no hubiera memorizado ese pasaje de antemano, probablemente no habría causado el mismo impacto en aquel momento. Fue el haber memorizado el versículo lo que me ayudó a identificarlo como una respuesta cuando el Señor lo trajo a mi corazón como respuesta a mi situación.

La memorización cambia la manera en que leemos la Biblia: cuando un versículo vive en ti, lo reconoces en otros pasajes, lo comparas, lo meditas mientras caminas o trabajas. Y cambia también la manera en que sirves a otros: un versículo memorizado es una palabra de consuelo que puedes dar al necesitado en el momento exacto, sin tener que buscar una Biblia ni una conexión a internet.

No se trata de presumir cuántos versículos sabes. Se trata de estar preparado para el momento en que Dios quiera usarlos, en tu vida o en la de alguien más.

Cómo empezar a memorizar las Escrituras

Si te animas a empezar, no necesitas un método complicado. Lo que a muchos nos funciona es algo así:

  1. Elige versículos cortos y significativos. Empieza por promesas o verdades que necesites en tu etapa actual: consuelo, dirección, identidad. Un versículo por semana es un ritmo suficiente.
  2. Escríbelo varias veces. Escribir a mano ayuda a fijar el texto y a notar las palabras exactas.
  3. Repítelo en voz alta. Repetirlo en diferentes momentos del día, al despertar, en el transporte, antes de dormir, lo convierte en parte de tu memoria natural.
  4. Úsalo en la oración. Ora con el versículo: dile al Señor lo que esa verdad significa para ti. Así dejas de repetir de memoria y empiezas a meditar.
  5. Compártelo. Decirle el versículo a alguien que lo necesita lo fija en ti y lo lleva a otro corazón.

Puedes usar tarjetas, aplicaciones de versículos o simplemente un cuaderno. Lo importante no es la herramienta, sino la constancia: poco a poco, un versículo a la vez.

El tesoro que el Espíritu puede usar

La memorización de las Escrituras es una forma de atesorar en el corazón lo que Dios ya nos ha dado. Y cuando llega el momento de la prueba, el Espíritu Santo tiene material con qué recordarnos su amor, fortalecernos y darnos una palabra para otros. No es magia: es fidelidad. Tú guardas, y él usa.

Te animo a que memorices las Escrituras, y juntos demos el gran salto de conocer más a nuestro amado Señor. Empieza esta semana con un solo versículo, el que tu corazón necesite hoy. Cuando llegue la prueba, y llegará, descubrirás que la Palabra guardada vuelve en el momento justo.

¿Qué versículo guardarás en tu corazón esta semana? Cuéntamelo en los comentarios.

Temas:#memorización#escrituras#vida devocional#palabra de Dios#fe

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