
La otra cara de la educación: transforma las clases
La educación no es solo transmitir contenido: es formar personas que piensen por sí mismas. Te cuento el método del Dr. Russell Mumper, de la UNC, que invirtió su clase de farmacia para desarrollar pensamiento crítico, y cómo aplicar la misma idea en tu clase de escuela dominical.

Miguel Euraque
El domingo pasado terminó la clase y un pensamiento no me soltaba: los jóvenes habían estado sentados cuarenta minutos, yo había hablado casi todo el tiempo y al final nadie supo decirme qué haría distinto esta semana a partir del pasaje. Habíamos «pasado» el tema, pero no estoy seguro de que hubiéramos educado a nadie. Si alguna vez te ha pasado algo parecido en tu clase de escuela dominical, este artículo te va a interesar.
Hay una manera de enseñar que no se limita a llenar cabezas de información: una que forma el pensamiento crítico y deja al estudiante con herramientas para seguir aprendiendo. El Dr. Russell Mumper, vicedecano de la Facultad de Farmacia Eshelman de la Universidad de Carolina del Norte (UNC Chapel Hill), desarrolló un método que ha ayudado a muchos de sus estudiantes a pensar de esa manera. En este artículo te cuento qué hizo, por qué funciona y cómo puedes aplicar la misma idea en tu aula, aunque no tengas tecnología ni presupuesto.
Tabla de contenidos
- El caso del profesor que volteó su clase
- Qué es exactamente «la otra cara de la educación»
- Por qué el pensamiento crítico importa, también en la iglesia
- Cómo aplicar la idea sin tecnología y sin complicarte
- La lección de Mumper para tu clase
El caso del profesor que volteó su clase
En 2012, el Dr. Russell Mumper, entonces vicedecano y profesor de la Facultad de Farmacia Eshelman de la UNC, tomó una decisión poco común en su campo: voltear por completo la manera de dictar su curso de Farmacia Básica II. En lugar de usar el tiempo de clase para que él explicara la teoría, grabó las conferencias para que los estudiantes las vieran en casa y dedicó las horas de clase a resolver problemas, trabajar en equipo y aplicar lo aprendido.
El experimento se convirtió en un estudio publicado en 2014 en la revista académica Academic Medicine, firmado por el propio Mumper junto a varios colegas de la facultad. Los resultados fueron claros: los estudiantes del curso invertido mostraron una mejora significativa en su desempeño y en su nivel de compromiso con el aprendizaje, comparados con los del formato tradicional de conferencia.
Lo interesante del caso no es la anécdota de un profesor exitoso, sino lo que revela: cuando el estudiante deja de ser receptor pasivo y se convierte en protagonista de su aprendizaje, el conocimiento se le queda mejor. Eso es válido en una facultad de farmacia, y también en una clase bíblica de adolescentes.
Qué es exactamente «la otra cara de la educación»
La educación tiene dos caras, y la mayoría de las clases solo ejercita una. La primera cara es la transmisión de contenido: el maestro explica, el estudiante escucha, anota y luego repite en un examen. Es necesaria, pero insuficiente. La otra cara es la formación del pensamiento: aprender a preguntar, a comparar, a distinguir una opinión de un hecho, a aplicar un principio a una situación nueva.
El método de Mumper es un ejemplo de esta segunda cara. Al mover la teoría a casa, el tiempo de clase deja de gastarse en copiar lo que ya está en el libro y se invierte en lo que ningún video puede hacer: pensar en compañía. El docente deja de ser el que lo sabe todo y se convierte en el que guía la discusión, corrige el rumbo y desafía a los estudiantes a ir más allá de la respuesta fácil.
Para el estudiante, el cambio es profundo. Descubre que su papel no es adivinar lo que el maestro quiere oír, sino construir su propio entendimiento. Y eso, con el tiempo, se vuelve determinante en la manera en que investiga, estudia y resuelve problemas de la vida real.
Por qué el pensamiento crítico importa, también en la iglesia
Tal vez pienses: «eso está muy bien para una universidad, pero yo enseño la Biblia a jóvenes». Pienso que es justamente ahí donde más falta hace. Un joven que aprende a pensar críticamente en la iglesia:
- No se traga cualquier enseñanza. Sabe que debe examinarlo todo y retener lo bueno, como aconseja Pablo (1 Tesalonicenses 5:21).
- Aprende a preguntar sin miedo. En lugar de dejar la fe en la puerta del salón, se lleva las preguntas a la clase y las trabaja con su maestro.
- Puede dar razón de su esperanza. El apóstol Pedro invita a estar «siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros» (1 Pedro 3:15). Eso no se logra repitiendo frases, sino pensando.
Una clase que solo memoriza versículos sin entenderlos produce jóvenes que saben citar la Biblia, pero no saben vivirla ni explicarla. Una clase que forma pensamiento crítico produce discípulos que entienden por qué creen, y eso los sostiene cuando la vida los desafía.
Cómo aplicar la idea sin tecnología y sin complicarte
La buena noticia del método de Mumper es que la lógica vale más que las herramientas. Puedes aplicarla en tu escuela dominical aunque no tengas internet, videos ni presupuesto:
- Mueve la información a casa. Envía el pasaje de la semana con dos o tres preguntas de lectura: «lee este pasaje y anota qué te llama la atención». No necesitas grabaciones; basta con pedirles que lean antes. Muchos lo harán; con esos pocos ya habrás cambiado la dinámica.
- Gasta la clase en pensar, no en leer. No repitas el pasaje que ya leyeron. Pregunta: ¿qué quiere decir este texto en su contexto? ¿Qué cambiaría en tu semana si lo obedecieras? Las preguntas abiertas, sin respuesta única, son el corazón de la clase invertida.
- Trabaja en equipo. Divide a los jóvenes en grupos pequeños, dales un caso o una pregunta difícil y pídeles que lleguen a una respuesta juntos. Después comparen: descubrirán que pensar con otros enriquece.
- Convierte al maestro en guía. Tu trabajo ya no es darlo todo explicado, sino corregir con amor, completar lo que falte y celebrar los hallazgos de los estudiantes. El aula se vuelve un laboratorio, no un escenario.
- Empieza pequeño. No rehagas toda la clase el próximo domingo. Prueba una sola sesión con una pregunta abierta y un trabajo en equipo. Observa la respuesta y ajusta.
Una advertencia honesta: este cambio exige más preparación, no menos. Preparar preguntas buenas toma más tiempo que preparar un discurso. Pero el fruto vale el esfuerzo: jóvenes que participan, que preguntan y que retienen.
La lección de Mumper para tu clase
La otra cara de la educación no es un lujo universitario: es una necesidad para quienes enseñamos la Palabra de Dios. El Dr. Mumper demostró que cuando el estudiante deja de ser espectador y se convierte en protagonista, el aprendizaje mejora de forma significativa. Los jóvenes de tu iglesia merecen esa misma oportunidad.
Te dejo una tarea concreta para esta semana: elige un pasaje de tu próxima clase y escribe dos preguntas que no tengan respuesta en el texto, sino que obliguen a pensar y a aplicar. Preguntas del tipo «¿por qué crees que el autor dice esto?» o «¿cómo se vería este principio en tu escuela?». Así de simple empieza la otra cara de la educación.
¿Qué pregunta abierta podrías hacerle a tus jóvenes el próximo domingo? Compártela en los comentarios.
Artículos que te podrían interesar