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Un líder juvenil reflexiona sobre el propósito de su servicio con un libro abierto de Bill Hybels

La gran pregunta que todo líder debería responder

Una reflexión sobre el propósito del servicio: ¿qué estás haciendo para que el mundo sea un lugar mejor? Te cuento la pregunta que me dejó el libro 'Divina insatisfacción' de Bill Hybels y cómo responderla en lo personal, lo profesional y lo ministerial.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

15/05/2009
7 min

Hoy, como a eso de las tres de la madrugada, me encontré con que ya no tenía sueño. Después de un rato acostado decidí tomar mi libro de cabecera, Divina insatisfacción del pastor Bill Hybels, y leer un rato. Fue como a eso de las cinco de la mañana, cuando cerré el libro para comenzar mis actividades cotidianas, que vino a mi corazón una gran pregunta sobre el servicio, una que me golpeó con mucha fuerza: ¿qué estás haciendo para que el mundo sea un lugar mejor?

Te la dejo hoy como una reflexión, porque estoy convencido de que es de esas preguntas que no se contestan una sola vez en la vida. Se responde con decisiones, con el uso del tiempo, con la forma en que servimos. En este artículo quiero acompañarte a mirarla de frente: de dónde nace, por qué tiene implicaciones en tres áreas de tu vida y cómo puedes empezar a responderla esta misma semana sin convertirla en una fuente de culpa.

Tabla de contenidos

De dónde nace la pregunta: la divina insatisfacción

El libro que me acompañó esa madrugada se llama Holy Discontent, publicado en español como Divina insatisfacción. Su autor, Bill Hybels, es el pastor fundador de la Iglesia Willow Creek, en Estados Unidos, y durante décadas ha escrito sobre liderazgo, iglesia y vida cristiana con un estilo muy práctico.

La idea central del libro puede resumirse así: hay un descontento que viene de Dios. No es el mal humor de quien todo le molesta, sino esa inquietud profunda que sientes cuando algo a tu alrededor no está como debería estar y ya no puedes quedarte de brazos cruzados. Una de sus ideas más citadas es que lo que rompe el corazón de alguien que ama a Dios, muy probablemente también rompe el corazón de Dios.

Piénsalo en el ministerio juvenil. Quizá no soportas ver a los adolescentes de tu comunidad sin alguien que les enseñe la Palabra. O te duele que tantos jóvenes crezcan sin un padre o una madre que los oriente. Esa molestia no es solo personal: es una señal de que hay algo que Dios quiere restaurar y que quizá te está invitando a participar en esa restauración.

La diferencia entre la queja y la divina insatisfacción está en la dirección. La queja te encierra en ti mismo; la insatisfacción santa te empuja hacia afuera, hacia el servicio.

Por qué la pregunta tiene tres caras

Cuando esa madrugada la pregunta llegó a mi corazón, me di cuenta de que no se podía responder desde una sola área de la vida. Tiene al menos tres implicaciones, y las tres aparecen también en la tuya:

  • Personales. Tiene que ver con tu carácter, tus hábitos, tu relación con Dios. Un líder que no cultiva su vida interior termina sirviendo de lo que le sobra, y a la larga eso se nota. La pregunta personal es: ¿estoy creciendo como persona mientras busco mejorar el mundo?
  • Profesionales. Tiene que ver con tu trabajo o tu estudio, con los talentos que Dios te dio y el lugar donde pasas la mayor parte de tus horas. No hace falta estar en un púlpito para hacer del mundo un lugar mejor: un maestro, un médico, un comerciante honesto también responden la pregunta desde su oficio.
  • Ministeriales. Tiene que ver con tu servicio en la iglesia, con el reino de Dios y con las personas que Él ha puesto a tu cuidado. Aquí la pregunta se vuelve concreta: ¿qué estoy haciendo con el grupo de jóvenes, con los voluntarios, con los niños de la escuela dominical?

Si puedes responder la pregunta en esas tres dimensiones, es muy probable que ya sepas para qué te creó el Señor. Y si ya estás trabajando en ello, entonces este es un nuevo día para que Dios siga escribiendo, a través de tu vida, una nueva historia en tu área de divina insatisfacción.

Cómo responderla sin quedarte en la teoría

Una pregunta tan grande puede paralizar si la miras como un todo. Por eso conviene bajarla a tierra con pasos concretos:

  1. Identifica tu dolor específico. No el que debería dolerte, sino el que de verdad te mueve. Anota en una hoja: «Me duele que…» y completa la frase con honestidad. Ese es tu punto de partida.
  2. Mira lo que ya estás haciendo. Quizá ya respondes la pregunta más de lo que crees: una llamada de ánimo, una clase bien preparada, un joven que acompañas. Reconocerlo no es orgullo; es gratitud y dirección.
  3. Empieza pequeño. No necesitas fundar una organización. Una acción semanal, constante, es más mundo mejor que un gran proyecto que nunca arranca. La fidelidad en lo poco sigue siendo el patrón de Jesús (Mateo 25:21).
  4. Involucra a otros. El propósito se aclara cuando lo compartes. Coméntale a un compañero de ministerio lo que te mueve y pregúntale qué le mueve a él. Los equipos se forman alrededor de estos dolores compartidos.
  5. Mide por fidelidad, no por tamaño. El resultado no depende solo de ti. Tu responsabilidad es sembrar y servir con constancia; el crecimiento lo da Dios (1 Corintios 3:7).

Estos pasos no son una fórmula mágica. Son una manera de tomar en serio la pregunta sin ahogarte en ella.

La advertencia honesta: insatisfacción sin acción

Hay un riesgo que vale la pena nombrar con claridad: la insatisfacción, por sí sola, no lleva a nada. El propio Hybels lo advierte: el descontento improductivo se queda en amargura cuando no se une a un propósito. Puedes sentir mucho por los jóvenes de tu comunidad y, al mismo tiempo, no estar haciendo absolutamente nada por ellos. Ese es el autoengaño más cómodo del liderazgo.

También conviene cuidar el otro extremo: convertir la gran pregunta en una vara de culpa. El servicio cristiano no nace de la presión de «tener que salvar el mundo», sino de la gratitud por lo que Cristo ya hizo por nosotros. Si la pregunta te está aplastando en lugar de orientarte, detente y vuelve al evangelio: primero eres amado, después sirves. El orden importa.

Una buena prueba práctica es esta: si tu insatisfacción te lleva a orar, a servir y a invitar a otros, va bien encaminada. Si te lleva a quejarte, a compararte o a sentirte superior, necesita corrección.

La pregunta que se responde cada día

Me despido invitándote a pensar una vez más en la pregunta: ¿Qué estás haciendo para que el mundo sea un lugar mejor? No te pido que la respondas perfectamente ni de una vez. Te pido que esta semana la escribas en una hoja, la leas en voz alta y anotes una sola acción que puedes hacer en los próximos siete días en cada una de sus tres dimensiones.

La gran pregunta no se responde un día y se archiva. Se responde cada mañana, con la agenda, con el teléfono, con la clase, con el grupo de jóvenes. Y cuando la respondes con fidelidad, descubres que Dios sí estaba escribiendo algo a través de tu vida, y que tu área de divina insatisfacción era, en realidad, un lugar de servicio.

¿Qué estás haciendo hoy, no mañana, para que el mundo sea un lugar mejor? Me encantaría leer tu respuesta en los comentarios.

Temas:#proposito#servicio#liderazgo#vocacion#reflexion#discipulado

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