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el arte de delegar en el ministerio

El arte de delegar: ejercer un liderazgo saludable

Aprende por qué delegar es indispensable, cómo superar el miedo y tres pasos prácticos para comenzar, con el consejo de Jetro a Moisés.

Miguel Euraque

Miguel Euraque

12/02/2008
9 min

En el ministerio no podemos ser todólogos, ni convertirnos en «líderes orquesta» que tocan todos los instrumentos a la vez. Si tratamos de hacerlo todo solos, llegará el momento en que el instrumento se desafina o, peor, en que el músico se agota. Tenemos que aprender a delegar.

Pero delegar no es solo repartir tareas para aligerar la agenda: es una forma de liderazgo bíblico y sabio. Es reconocer que Dios no te llamó a hacerlo todo, sino a equipar a otros para que la obra crezca y permanezca.

El líder que no delega tarde o temprano desfallece: se cansa, se desanima y pone en riesgo su salud y la de la obra. Delegar, en cambio, da a nuevos líderes la oportunidad de crecer, amplía el campo de acción del ministerio y protege al líder para que pueda servir por muchos años. No es perder el control; es multiplicar el trabajo.

Tabla de contenidos

El arte de delegar

Delegar se entiende mejor cuando vemos el costo de no hacerlo, y por eso esta sección abre con una historia real que escuché hace un tiempo y que lo ilustra mejor que cualquier teoría. De ahí pasamos a un ejemplo todavía más antiguo: el consejo que Jetro le dio a Moisés cuando el trabajo se volvió demasiado pesado. Después verás qué le ocurre al líder que nunca delega, qué gana el que sí lo hace y por qué a tantos nos cuesta soltar responsabilidades. Y al final encontrarás una escalera sencilla de tres pasos para comenzar a delegar sin improvisar. Te animo a leer la sección completa con el corazón dispuesto: hay aquí una lección que puede proteger tu salud y, de paso, multiplicar tu ministerio.

Una historia que nos advierte

Hace un tiempo escuché a un maestro contar la historia de una hermana que, luego de salir del seminario, se comenzó a involucrar en la obra con el deseo de servir al Señor lo más que pudiera. Tanta fue la carga ministerial que tomó, que en poco tiempo sufrió un paro cardiaco. Imagínate el cuadro: una joven de no más de veinticinco años, sufriendo un ataque al corazón por el estrés de querer abarcarlo todo.

Tras su recuperación, se reunió con un psicólogo que le ayudó a organizar su agenda. Y ahí se descubrió algo revelador: esta hermana tenía en su agenda once actividades a la semana, se acostaba a las doce de la noche y se levantaba a las tres de la mañana, todos los días.

Casos como este nos recuerdan una verdad sencilla que a veces olvidamos: somos seres humanos y tenemos necesidades básicas: comer con una alimentación balanceada, dormir lo suficiente. Si queremos ser más efectivos en el ministerio sin exponer nuestra salud ni la de otros, debemos aprender a delegar.

El consejo de Jetro a Moisés

La Biblia nos muestra este principio de manera admirable. Moisés llevaba sobre sus hombros la responsabilidad de juzgar a todo el pueblo, desde la mañana hasta la noche, y su suegro Jetro lo observó. Entonces le dio un consejo que marcó la historia:

Y el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no puedes hacerlo tú solo. — Éxodo 18:17-18

Jetro no se limitó a decirle que estaba cansado: le dio también la solución. Le aconsejó buscar hombres capaces en quienes delegar la carga:

Además, escogerás de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas, y los pondrás sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. — Éxodo 18:21

El consejo que Moisés recibió de su suegro es un consejo sabio que nos puede ser muy útil en nuestro tiempo. Fíjate en los criterios de selección: no cualquier persona, sino hombres capaces, temerosos de Dios, veraces y con integridad. Delegar no es desprenderse de la responsabilidad: es confiarla a personas de carácter, con supervisión y en niveles.

Lo que le pasa al líder que no delega

Debemos saber que el líder que no delega en algún momento se encontrará en problemas. Quizás pasen unos meses, o tal vez un año, o varios años; pero si no delega, tarde o temprano desfallecerá. Se cansará y le será difícil continuar en la obra que está realizando.

Por el hecho de haberlo vivido en más de una ocasión, sé que no existe peor cosa que sentirse agotado en el ministerio. Y no me refiero al agotamiento normal que todos sentimos de vez en cuando, sino a esa clase de agotamiento constante, que parece que no se nos quita. Con el agotamiento puede venir el estrés, el desánimo o, en casos extremos, el deseo de abandonar el ministerio.

Moisés escuchó el consejo de Jetro y cambió su manera de liderar. Nosotros tenemos la misma oportunidad: reconocer a tiempo que el trabajo es demasiado pesado para hacerlo solos, y hacer algo al respecto antes de que la fatiga decida por nosotros.

Beneficios de delegar

Cuando delegamos, no solo nos aliviamos: multiplicamos. Estos son algunos de los beneficios que se reciben:

  1. Se da a nuevos líderes la oportunidad de desarrollar su potencial y crecer. Cada responsabilidad confiada es una escuela de liderazgo. El que delega no pierde colaboradores; los forma.
  2. Se abarca más campo de acción, ya sea en la iglesia o en la comunidad donde se sirve. Un líder no puede estar en todas partes, pero un equipo sí.

A estos dos beneficios se suma uno silencioso pero decisivo: el líder que delega puede durar en la obra. La delegación protege al líder del agotamiento y le permite servir con constancia por muchos años.

Por qué nos cuesta delegar

Si delegar tiene tantos beneficios, ¿por qué para muchos de nosotros es tan difícil? Existen varios factores que contribuyen.

Algunas veces la dificultad tiene que ver con lo que llevamos dentro: la baja autoestima, la inseguridad, el temor al fracaso o, a veces, la envidia. Otras veces tiene que ver con lo que imaginamos que pasará si soltamos:

  • Temor de que la persona nos falle. Pensamos: «si lo hago yo, sé que sale bien». Y es verdad, al principio. Pero esa verdad se vuelve una prisión.
  • Miedo de ser reemplazados. Tememos que la persona sobre la que delegamos llegue a ocupar nuestro lugar. Pero el líder que forma a otros no pierde su lugar: lo multiplica.
  • El deseo de sobresalir. En un sentido negativo, algunos líderes no delegan porque les gusta siempre sobresalir y no conciben tener a alguien que llegue a ejercer una influencia mayor que la suya.

Todos estos temores tienen una raíz común: la falta de confianza, en los demás, en el proceso y, a veces, en nosotros mismos. La buena noticia es que la confianza se construye, y el modelo para hacerlo es más sencillo de lo que parece.

Cómo empezar a delegar

Si estás leyendo este artículo, probablemente sientes el deseo de aprender a delegar en otros ciertas responsabilidades. Para comenzar, te comparto tres pasos sencillos que funcionan como una escalera:

  1. Primero: «yo hago y tú me miras». Es el paso de la observación. Aquí se le enseña a la persona cómo se debe hacer el trabajo: se le muestra, se le explica, se le deja ver el proceso completo.
  2. Segundo: «yo hago y tú me ayudas». Es el paso del trabajo en equipo. Aquí se hace el trabajo con la ayuda de la persona: ella participa, practica y aprende haciendo, con el líder al lado.
  3. Tercero: «ahora hazlo tú mismo y yo te superviso». Es el paso de delegar. Aquí se le da a la persona la oportunidad de desarrollar el trabajo por sí sola, pero con algo muy importante: el líder siempre deberá estar pendiente, por si la persona necesitara ayuda.

Este modelo es gradual y seguro: la persona no recibe más de lo que puede manejar, y el líder no suelta más de lo que debe. Con el tiempo, cada delegación exitosa aumenta la confianza de ambos lados.

Si eres líder: delegar también es discipular

Como líder de jóvenes, pastor o maestro, la delegación no es solo una técnica de administración: es una forma de discipulado. Cuando delegas, estás diciéndole a alguien «creo en ti, y voy a acompañarte mientras aprendes». Eso es formación.

Algunas aplicaciones concretas para tu ministerio:

  • Delega con propósito, no por descarte. No repartas solo lo que nadie quiere hacer; confía también tareas que desarrollen a tus jóvenes. El crecimiento viene cuando alguien recibe una responsabilidad real, con supervisión.
  • Elige con los criterios de Jetro. Busca personas capaces, temerosas de Dios y de integridad. Delegar en la persona equivocada genera más trabajo; delegar en la persona correcta multiplica.
  • Acompaña los tres pasos. No saltes de la observación a la autonomía en un día. El modelo «yo hago, hacemos, tú haces» protege a la persona y al ministerio.
  • Celebra el crecimiento de los tuyos. Cuando alguien a quien formaste hace algo mejor que tú, eso no es una amenaza: es la prueba de que el ministerio está cumpliendo su propósito.

Recuerda que, al fin de cuentas, delegar se deletrea C-O-N-F-I-A-N-Z-A. Y la confianza se construye con pasos pequeños, constantes y acompañados.

En conclusión: el arte de delegar

El arte de delegar es una de las habilidades más importantes del liderazgo cristiano, y también una de las más difíciles de practicar. La historia de la hermana que quiso abarcarlo todo, el consejo de Jetro a Moisés y la experiencia de tantos líderes agotados nos recuerdan la misma lección: no fuimos llamados a hacerlo todo solos, sino a formar a otros para que la obra crezca. Delegar protege tu salud, multiplica tu ministerio y, sobre todo, discipula a la próxima generación de líderes.

El siguiente paso es concreto: esta semana identifica una sola responsabilidad que hoy haces tú y que otro podría aprender a hacer, algo pequeño, no lo más importante. Aplícale el primer paso de la escalera: «yo hago y tú me miras». La semana siguiente, el segundo. Y así, poco a poco, empezarás a soltar sin soltar del todo.

Y cuéntame: ¿qué te ha costado más al delegar? ¿Qué te ha funcionado para confiar en tu equipo? Comparte tu experiencia en los comentarios. Y oro para que Dios te ayude a ser un mejor líder: un líder que aprende a delegar.

Temas:#delegar#liderazgo#ministerio-juvenil#equipo#formacion

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