¿Crees porque ves?

Lentes de sol

Juan 4: 46-53 – El evangelio de Juan narra una historia especial que nos reta a creer más allá de lo que vemos o entendemos. Hay un gran número de personas que sólo recuerdan que Dios existe cuando pasan por situaciones críticas. Sin embargo, Dios nos reta a un nivel superior: creer sin ver.

El protagonista de nuestra historia era un hombre corriente, como tú y como yo. Una persona que tenía un buen puesto de trabajo, era funcionario en la Corte, trabajaba para el rey.

En medio de su rutina, se encontró con un gran problema: su hijo enfermó gravemente hasta el punto de que podía morir. Cuando el hombre se enteró de que Jesús estaba en Galilea, salió en su búsqueda para pedirle ayuda. Él había oído de los milagros de Jesús.

Juan no nos dice que este oficial fuera un seguidor de Jesús, se nos presenta más bien por su profesión: oficial del rey. Sin embargo, en medio del problema, él se acordó de Jesús. Nada más encontrarse con Jesús, le planteó su problema rogándole: -“ve, desciende a mi casa, sana a mi hijo”.

La respuesta de Jesús parece fría y fuera de lugar: “Si no veis señales y prodigios, no creeréis“. (Jn 4:48). El oficial no entendió lo que Jesús le dijo, e insistió: “Señor, baja antes de que mi hijo muera” (v. 49). Jesús, entonces, le da la respuesta que él quería oír: “Vete, tu hijo vive“. (v. 50). El oficial regresó a su casa creyendo lo que Jesús le había dicho.

Al llegar a su casa, le salieron al encuentro sus sirvientes para informarle de que su hijo vivía. Él entonces les preguntó la hora en que había sanado. Al informarle sus sirvientes, él recordó que fue exactamente la hora en que Jesús le dijo “Vete, tu hijo vive”.

La historia termina diciendo que el oficial creyó en Jesús junto con toda su casa. Los versículos 50 y 53 utilizan el mismo verbo en griego para expresar que el padre “confió”. En el primer caso, en el versículo 50, el padre confió en la palabra que Jesús le dijo: “Vete, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo y se fue“. En el versículo 53, el padre confió en Jesús, creyó que Jesús era quien realmente decía ser: “El padre entonces se dio cuenta que fue a la hora en que Jesús le dijo: Tu hijo vive. Y creyó él y toda su casa“.

Me gusta esta historia porque rompe muchos mitos religiosos. En primer lugar, la bendición de Jesús se extiende sobre justos e injustos. Este hombre no era un fiel seguidor de Jesús, era un funcionario que trabajaba en la Corte, sin embargo, experimentó la gracia de Dios en su vida.

Debemos estar dispuestos a ver la mano de Dios obrando entre las personas que no son cristianas y en los lugares que van más allá del templo, de nuestro lugar de reunión. En segundo lugar, experimentar la gracia de Dios en nuestras vidas, experimentar un milagro personal no significa que realmente estemos viviendo como Jesús quiere. Jesús conoce el corazón del oficial y se lo descubre: “Si no veis señales y prodigios, no creeréis“.Muchos de nosotros no creeríamos si no viéramos señales y prodigios.

Por lo tanto, algunos milagros que experimentamos no son fruto de nuestra fortaleza espiritual sino más bien de nuestra debilidad para creer. En tercer lugar, sus discípulos no están exentos de este problema: “ver para creer”. Jesús, días después de su resurrección, le recrimina a Tomás: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron“. (Juan 20:29) Jesús nos llama a un nivel superior. Seamos simpatizantes o discípulos, él llama dichosos a los que no vieron y, sin embargo, creyeron. ¿Crees porque ves?

Fuente | Imagen.

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