¿Acaso soy invisible? [Reflexión]


acaso soy invisible

¿Has pasado alguna vez desapercibido? ¿Te han ignorado completamente?

Esperabas con impaciencia que llegara el domingo. Una y otra vez se repetía en tu mente el discurso que darías delante de tantas personas. Aquella intervención te estaba quitando algunas horas de sueño.

Por fin llega el domingo. Te arreglas con la mejor ropa para la ocasión: -No puedo llegar tarde. –Te repites una y otra vez. Sales con tiempo. Has orado ya pero, por el camino, sigues llamando a las puertas del cielo.

La reunión. El moderador sonríe: -tenemos por delante un excitante programa. -Te alegras y piensas en tu momento. Miras el reloj. Los minutos parecen horas. Ya queda menos, piensas. Revisas los apuntes mientras suspiras. Por un momento, te abstraes. Vuelves a mirar el reloj. –No puede ser. Concluyes. “-La reunión termina a las cinco, y ya son menos cuarto”-. ¿Qué ha pasado con el programa? ¿Tendré tiempo para exponer? ¿Me habrá visto el moderador?

10 minutos para el final. Cambias de posición en tu asiento. Carraspeas con suavidad. Toses de manera forzada. Vuelves a suspirar. Son menos cinco. –Pongámonos en pie y despidámonos con una oración- sugiere el moderador.

Amén. No lo puedes creer. Las personas se levantan, se saludan, se abrazan, se besan, se hablan, se cuentan, se animan… Se marchan.

Nadie te saluda, te abraza, te besa, te habla, te cuenta, te anima, te acompaña… Nadie.

¿Acaso soy invisible? –Dudas. -¿Es que nadie me ha visto? ¿Nadie sabe que estoy aquí?

Hoy viajaba en autobús y pensaba en algunas buenas acciones que podría hacer, importantes personas a las que me gustaría conocer, líderes exitosos de los que me gustaría aprender, iglesias importantes a las que podría asistir… Y, ensimismado en mis pensamientos, de repente, un silencio. Una voz que me sonaba y, entre sollozos, susurraba:
“¿Acaso no sabes que eres templo del Espíritu Santo? ¿Cuánto tiempo más vas a silenciar mi voz en tu vida? ¿Cuánto tiempo más me vas a ignorar? ¿Cuántas veces más me sacarás de tu programa? ¿Cuántas veces insistirás en conocer más de lo que yo hago en otros en lugar de lo que quiero hacer en ti? ¿Cuándo me darás lugar? Eres templo del Espíritu Santo. Yo quiero habitar en ti. Dame lugar. Déjame que te hable. Prepárame sitio. Escúchame. Todo lo demás, si no estoy Yo, te sobra”.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Co.3:16

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